Aldea del Rey y su entorno natural a través del diario de mis paseos fotográficos. Naturaleza, pero también cultura, historia, tradiciones de este bello pueblo del Campo de Calatrava.
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domingo, 10 de mayo de 2015

No podía faltar la peonía!

Regresamos a tierras aldeanas, por que no me canso de verla y de ponerla, vaya preciosidad, es una flor que parece sacada de un jardín botánico. Pero no, la tenemos en la Sierra de Calatrava. Es la peonía, Paeonia broteroi. Aunque es muy poco conocida y casi ausente de la cultura popular del pueblo. Más aún de los alrededores, donde no se presenta siquiera. Es una planta exigente, necesita mucha agua, pero sin encharcamientos, y esas circunstancias solo se dan en las partes más húmedas de la sierra. Ahora está en plena explosión, gracias a un muy buen inicio de primavera, aunque no haya tenido continuidad...



Pues nada, vamos para arriba, a buscarla. En estas zona serranas, al sur de Aldea, el campo está muuuuuucho más fresco y verde que por los alrededores, es un gustazo estar aquí (a pesar, eso si, de los 30º, los millones de mosquitos y menudencias varias)






A la sombra de encinas o quejigos es donde la encontraremos:





Simplemente, espectacular:






A pesar de la ausencia de lluvia y las altas temperaturas de últimamente, por aquí la humedad sigue siendo suficiente,  con lo que siguen brotando y floreciendo más peonias:






A las hormigas les pírria subirse a las peonias jeje. Es curioso, el resto de herbívoros las respetan, quizá el nombre de "rosa maldita" que le dan en algunos sitios, tenga algo que ver...






  



El año que viene, amenazo con poner más jeje.

viernes, 8 de mayo de 2015

Juntos y revueltos

Ayer por la tarde - noche, estuve con mi amigo Ángel visitando una zona donde había gran abundancia de conejo de campo, y dónde él tenía localizada un par de camadas de zorros. Huelga decir que si había muchos conejos, no era en Aldea del Rey, por desgracia. Zorros, si que hay aquí, pero nunca es fácil verlos, menos una camada y aun menos fotografiarlos. Así que para cogimos los bártulos y allí que fuimos.

El lugar era un terraplen de caliza casi pura, en donde, juntos y revueltos, había gran numero de bocas y vivares de conejos, y entradas mas grandes, donde el había visto los zorros. Resulta sorprendente ver como dos supuestos "enemigos", cazador y presa, convivían uno al lado del otro. La enorme abundancia de conejo en esta zona, hace que aunque algunos de ellos sean cazados, la población globalmente ni lo nota.




La foto siguiente, la hicimos después. Es una de las entradas a las madrigueras de los zorros, y encima, unos agujeros circulares mas pequeños, que son entradas de nidos de abejaruco. Las decenas de pequeños agujeros supongo que son de insectos, quizá avispas cavadoras. Desde luego un vecindario de lo más concurrido.



Concurrido, pero no tanto como se pensó que iba estarlo, ya que aunque se construyeron poco menos que auténticas autovías, poca circulación hay, salvo la nuestra o alguna parecida...



Y la de los que se adueñaron de los solares y terrenos, que por otra parte ya les pertenecían...



Como digo, gran cantidad de conejos, que una vez se acostumbraron a nuestra presencia, empezaron a salir. Aunque ante cualquier movimiento algo más brusco, algún cambio de viento que llevase nuestra voz mas claramente, ponían, y nunca mejor dicho, pies en polvorosa. Su típico "zapatazo", un golpe con las patas de atrás en el terreno, que provoca un ruido grave y levanta una pequeña nube polvo, sirviendo para avisar a los congéneres


Tonto el último jeje


Y antes de llegar al punto donde colocarnos a esperar la salida de los zorros, se nos presentó la que quizá fuese la madre. Desde luego, por el tamaño y lo tupido de la cola, era zorra vieja. No nos había visto:


No sé si alguna ráfaga cambiante de viento le llevó nuestro olor o nuestra voz, pero en un momento dado se giró y se dio cuenta que estábamos allí:


Y la verdad, no se inmutó demasiado, por no decir nada, siguió su camino, pero alejándose de donde estaban las madrigueras. Por la zona suelen pasar ciclistas y corredores, debía estar acostumbrada a ver gente.


Nosotros también seguimos el nuestro, para colocarnos en un buen sitio para observar sin ser observados y con el viento de cara. Ya solo quedaba esperar vigilando el terraplen. Donde ya empezaban a salir conejos en abundancia.





Igual que salían por todos los alrededores, jugando entre ellos o corriendo cuando nos veían. Son "simples" conejos, pero la verdad que se disfruta viéndolos:





Después de un buen rato, viendo que el sol se iba a meter pronto, no iba a ser posible hacer fotos por que el terraplén quedaba en una sombra muy pronunciada, levantamos el chiringuito, sin haber visto los zorros. Otra vez será. Una última vuelta por los alrededores, viendo innumerables conejos, de los que solo podías fotografiar los más lejanos, pues con los cercanos no daba tiempo ni a encarar la cámara


Y ya a punto de volverse, otro zorro más. Aunque no se ve bien, estaba lejos, había poca luz, y ya era difícil sacar fotos nítidas, ese porte más desgarbado, y la cola mucho mas fina, indicaban que era un zorro bastante joven. Quizá incluso era una de las crías que fuimos a ver, ya que una de las camadas era relativamente grande y habían pasado más de diez días desde que Ángel las vio. También nos vio ella cuando iba a cruzar una alambrada, así que eligió otro camino:



Entre dos luces, a despedirse del Quijote, que quedó vigilante en lo que se decía que iba a ser su reino:


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