Aldea del Rey y su entorno natural a través del diario de mis paseos fotográficos. Naturaleza, pero también cultura, historia, tradiciones de este bello pueblo del Campo de Calatrava.
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viernes, 6 de agosto de 2010

La Minilla: Viaje a un poco más cerca del centro de la tierra

 

No será este, desde luego que no, como aquel fantástico viaje que salió de la imaginación del visionario Julio Verne, pero viajar a las profundidades de la tierra, por muy poco profundas que en realidad sean, siempre nos han producido una gran fascinación. En Aldea del Rey, lindando con término de Granátula y cerca de la margen derecha del rio Jabalón, tenemos la boca de una antigua y modesta mina, que nos permite adentrarnos en ese reino silencioso, húmedo y oscuro que hay bajo la superficie de la tierra. Esta mina, la Minilla como es conocida por todos, no resultó de utilidad para los que la excavaron, que buscaron en ella metales que a duras, a muy duras penas seguramente, encontraron. Hoy encontramos en ella formas y colores fantasmagóricos, agua y una muy interesante fauna.

La boca de la minilla apenas resalta sobre el pequeño promontorio rocoso donde se encuentra, sólo siendo visible por la verde vegetación que en verano contrasta con la sequedad del entorno:

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Pero en solo cuatro pasos, mas allá de la maleza, nos adentramos en un mundo totalmente diferente al que acabamos de dejar:

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Esta zona es abundante en aguas ricas en dióxido de carbono y minerales como el hierro y el manganeso, las famosas aguas "agrias”. Todo el suelo de la mina se encuentra encharcado por agua agria que surge de su interior y tapizado por unos extraños líquenes o mohos amarillos, que parecen indicarnos el camino.

Las propias rocas de las paredes, con esas vistosas formas y colores que se dirigen hacia la oscuridad, realzan lo extraño del lugar

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Cerca del final, procurando que nuestra propia sombra no convierta en oscuridad todo el interior y aprovechando la capacidad de la cámara de acumular luz donde nuestros ojos apenas distinguen penumbras, encontramos la surgencia de agua que acaba saliendo por la boca de la mina. Ese tronco que salva el manantial debe llevar décadas, yo siempre lo he visto ahí, impertérrito al paso del tiempo y a la humedad, quizá protegido por la gran concentración de minerales del agua.

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En estas profundidades, camuflándose con los salientes de la mina, encontramos a los habitantes por excelencia de la oscuridad, los murciélagos. Creo que son unos Murciélagos ratoneros grandes (Myotis myotis) o bien Myotis blythii, similar al anterior, pero con el pecho blanco (y estos parecen tenerlo). A pesar de su aspecto amenazador y de las múltiples leyendas negras que les acompañan, estos animales son inofensivos e incluso resultan de gran utilidad, al consumir ingentes cantidades de insectos voladores. Estos pequeños y frágiles mamíferos son verdaderas joyas faunísticas y se encuentran estrictamente protegidos, por lo que si visitamos el lugar debemos de procurar evitarles cualquier molestia y mucho menos daño.

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En fin, el viaje se quedó muy, pero que muy lejos de las profundidades, pero aun así, resulta increíble experimentar como solo en unas decenas de metros hemos pasado del reino del sol y el calor, realzado en esta época veraniega, a otro reino totalmente diferente, opuesto, imposible de imaginar sin visitarlo.

2 comentarios:

El jardinero de las nubes dijo...

Tu ojo mágico se ha dirigido a ese mundo de silencio que es La Minilla. Siempre me tentó la curiosidad de conocer la profundidad de la azanca y de explorar hacia el interior. Pero sin duda ni es tanta la profundidad ni la mina es tan extensa. No obstante, bajo el prisma de la infancia todo se engrandece y la imaginación labora suponiendo misterios y criaturas fantásticas.

Gracias, amigo, por estos reportajes.

Gustavo Barba Alcaide dijo...

Bien sabes que nada hay de magia, solo pararse a mirar lo que está ahí, a la vista de todos. Si, supongo, o no lo supongo, es así, que de niños todos pensábamos encontrar en sitios como este algún tipo de tesoro, de pasadizo a un lugar esperando a ser descubierto. La realidad no suele ser tan misteriosa, pero no por ello deja de ser muchas veces admirable. Gracias a ti por estar aquí y evocar tus recuerdos. Un abrazo, amigo.

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