Inicio aquí una serie de reportajes, acerca de aspectos históricos de Aldea del Rey, especialmente sobre su prehistoria, historia antigua y medieval. Creo que algunas de las informaciones que aquí publicaré son inéditas y/o desconocidas, no tanto por no saber de su existencia, si no porque no se ha llegado a comprender su origen y alcance.
Lo que no resultará desconocido para muchos aldeanos, es que existen numerosos indicios de la antiquísima población que tuvo esta zona. Muchos, supongo, hemos oído hablar o hemos visto las hachas o molinos de piedra que por diversos puntos del término municipal aldeano han aparecido. La presencia humana aquí, como en otras zonas del interior peninsular, fue ya abundante desde el paleolítico. Los humanos ocupaban la mayor parte de las zonas húmedas, cuencas fluviales, donde vivían de la caza y la recolección. Todo esto ocurrió desde hace centenares de miles de años, hasta el 6.000 a.c. aproximadamente, en que la historia da uno de los saltos cualitativos que de vez en cuando se producen, en este caso, con la aparición de la agricultura y sedentarismo. De esa época, el paleolítico, existen diversos restos en Aldea del Rey, consistentes especialmente en industria lítica tallada, es decir, objetos de piedra tallada.
Tras esa oscuro amanecer de la humanidad, la agricultura o la aparición de nuevas técnicas “industriales” como la cerámica o la industria lítica pulimentada, hizo posible el desarrollo de nuevos asentamientos humanos, ya sedentarios, de los que, por supuesto, en nuestro pueblo tenemos una buena representación. Éstos se encuentran especialmente en vegas, zonas cercanas a arroyos, etc. Se trata de la época del neolítico y eneolítico, o edad del cobre temprana. Estos asentamientos no han dejado prácticamente restos, aparte de los objetos de uso diario: molinos, hachas, martillos, puntas de flecha, cerámica. Podéis ver unos ejemplos de ellos en las fotos inferiores, observados todos ellos en tierras aldeanas:
En la Sierra de Calatrava, por otro lado, si que aparecen restos, grandes tumbas megalíticas y pinturas rupestres, que son de esa época, pero será objeto de otro reportaje.
Sin embargo, la verdadera “explosión” demográfica de la zona, con la creación de una densa red de asentamientos, se da en el siguiente salto de la historia, en la edad del bronce. Especialmente durante la fase media de esta época, fue tan importante la presencia humana aquí, que ha merecido que toda una cultura sea conocida como la del Bronce Manchego, cultura que ocupó tierras de las actuales Ciudad Real, Toledo y Albacete, entre el 2.000 a.c. y el 1.200 a.c. aproximadamente.
Ese Bronce Manchego se caracterizó, entre otros aspectos, por la tipología de sus asentamientos. Los investigadores han identificado varios de ellos, que han denominado “Facies” Cuevas, Facies Fondos de Cabañas, Facies Abrigos, Facies Motillas, Facies Morras y Facies Castellanos o Cerros. Pues bien, la denominada Facies de los cerros, caracterizada por asentamientos en cerros relativamente altos y escarpados, con acceso fácil por algunas de sus caras, rodeados de tierras cultivables y situadas en lugares de amplia visibilidad respecto a los pasos naturales de comunicación, es la que podemos encontrar en Aldea del Rey. Se trata de la EDAD DE LOS POBLADOS EN LAS ALTURAS.
A lo largo de mis caminatas, a veces de forma casual, a veces sabiendo lo que quería encontrar, he podido detectar un buen número de esos poblados. Podéis ver en la imagen inferior los que tengo localizados, y aunque alguno se me escape, no creo que haya muchos más. Se observa que se encuentran en el borde de las sierras, dominando los llanos, al contrario que otros asentamientos, neolíticos, eneolíticos o del bronce temprano, en verde, que ocupaban las zonas bajas.
Hablaré ahora del que es a mi parecer, un asentamiento humano de gran importancia, comparable quizá, al menos por extensión, al cerro de La Encantada, en Granátula de Calatrava, que sería un ejemplo similar ampliamente estudiado de este tipo de poblados en altura. Aquí tal vez la mayoría de las personas solo vean un monte, rocas, vegetación, pero se trata del Poblado que he venido a llamar como el monte en que se situua, del Cerro de Pozillo Redondo:
Las actuales herramientas geográficas a través de internet, resultan utilísimas para conocer y comprender el entorno. Fijaos en la siguiente foto aérea de Google maps:
Se aprecia una zona ovalada central, con un borde marcado correspondiente a una muralla central, y pequeñas depresiones circulares en el terreno. Se corresponde muy fielmente a lo visto en otros lugares: un núcleo fortificado, presentando una serie de líneas de muro que partiendo de éste delimitan uno o varios espacios, en donde se sitúan construcciones como viviendas, almacenes o incluso tumbas.
En el lugar, ya arriba, existen grandes canchales de piedra, procedente de los derrumbes de muros y murallas, que dejan aun ver la disposición inicial, de líneas concéntricas con espacios intermedios:
Los cimientos de antiguas construcciones sobre el terreno, no dejan lugar a la duda:
Restos de auténticas murallas de casi un metro de grosor y formadas por sillares de gran tamaño, como podéis ver comparando con el bote de bebida. Estos restos, por el tamaño de los elementos constructivos y por otros restos que como luego explicaré, aparecen, pueden corresponder incluso a época ibérica:
La foto siguiente la tome el verano pasado. Un muro que surge directamente de la tierra, correspondiente posiblemente a alguna vivienda o almacén. Dentro de la foto de google maps, es una de las pequeñas depresiones circulares apuntadas con la flecha.
El porqué eligieron este lugar es fácil de entender. Se trata de una posición estratégica envidiable (ver mapa, posición “1”), que domina todo el valle del Jabalón y se comunica visualmente con otros poblados:
Estos poblados quedaron deshabitados hacia el 1.000 – 1.200 a.c. habitualmente. Sin embargo el que aquí me ocupa creo que debió permanecer ocupado durante muchos siglos mas. He encontrado cerámica que tipológicamente es íbera (izquierda) y romana, tipo terra sigilata (derecha).
Como digo, este asentamiento es el mayor que he encontrado. Sin embargo hay otros más (ver mapa). Algunos soy muy reducidos, abarcan unos pocos cientos de metros cuadrados, y quizá se ocupasen de forma estacional, fuesen puestos de vigía, para grupos de pastores o cazadores, etc. En cualquier caso se trata de estructuras inconfundibles, si se sabe lo que busca. Montículos, acumulaciones de piedras y tierra “venidas de ningún lugar”, donde aparece cerámica de gruesa textura, y que culminan y suavizan las crestas y picos de los montes, tales como este (3)
O este (2):
No quiero dar muchos más detalles sobre la situación e importancia de los diferentes lugares ya aunque forman parte de nuestra historia y como tales, merecen ser no solo conocidos, si no también protegidos, hoy por hoy, la protección brilla por su total ausencia. Los restos fotografiados, lo han sido en el lugar donde se han encontrado.